En un principio pensé que los perros se tenían por protección. Después entendí que también servían para cubrir un agujero afectivo. Traigo esto porque investigaciones demuestran que en promedio los perros escuchan más frases del estilo
te quiero o
te amo que la mayoría de las personas. Calculo que el dato anterior se debe al amor incondicional de las mascotas, o al hecho de que son seres adorables. En eso tengo la cabeza un 24 de diciembre.
Me voy por las ramas: el virus
I love you se propagó por el mundo porque delataba una necesidad profundamente emocional. En estas vísperas me pregunto (no es una pregunta, pero cómo decirlo de otro modo) si sobran peros o hace falta más gente dispuesta a querer sin cláusulas de rescisión. Como los perros, que dan sin esperar nada.
Vuelvo: ayer pasé una tarde de perros junto a los amigos de toda la vida. Lo digo por dos razones: porque tengo la ampolla de sangre más grande de mi vida a causa de un fútbol playa; y segundo, por haber disfrutado junto a los amigos más fieles que pueda pedir. A pocos días de cambiar de año, alegra saber que los amigos no cambian.
Arriba: Garo y Anonetoy. Falta Guillote.
Abajo: Colo, Max, Melu y Tato.
Queridos, espero que disfruten como perro con dos colas. En especial aquellos que estén solos o bajoneados. Por mi parte, dejo como regalo navideño una canción que hice con Juan hace poco menos de una semana. Espero guste (
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