No puedo dejar de lado esas miradas intensas, taladrantes. Y esos ojos que lloraban. Clota, con mirada profunda de piscina durante la lluvia, contenía en cristales empañados lo que mi inteligencia emotiva no quería ver. Pero paulatinamente un raudal de sentimientos hacía agua. Romina, escondiendo la cabeza entre las piernas, empeoraba las cosas. Mi cuerpo quería llorar. Mi mente, contenerse. Automáticamente la garganta se me secó al escuchar a Pancho, o sus palabras, tiritando. Mientras fotografiaba cada rostro, una parte de mí se empezaba a marchitar.
Para algunos, con cada partida morimos un poco más. Pero quien conoce a los tomates Cherry entenderá que no es –tan- así. Es necesario podar ramas, para que broten nuevas. Terminó un ciclo de dos años. Terminaron los sábados a las 7 de la mañana. Y ahora, no quiero despedirme. Ellos saltan a liceo y no voy a ver los resultados de la cosecha.
Susurré el Padre Nuestro para dejarme invadir por sus voces. No olvido. Aquel día no sabía si el pecho se me encogía de dolor o si, por el contrario, se me henchía de felicidad. Ahora no estoy susurrando; estoy silbando a Julieta Venegas… Me voy, que lástima pero adiós, me despido de ti y me voy.

En la foto, todo Toporje. El cuadro está completo.
Para algunos, con cada partida morimos un poco más. Pero quien conoce a los tomates Cherry entenderá que no es –tan- así. Es necesario podar ramas, para que broten nuevas. Terminó un ciclo de dos años. Terminaron los sábados a las 7 de la mañana. Y ahora, no quiero despedirme. Ellos saltan a liceo y no voy a ver los resultados de la cosecha.
Susurré el Padre Nuestro para dejarme invadir por sus voces. No olvido. Aquel día no sabía si el pecho se me encogía de dolor o si, por el contrario, se me henchía de felicidad. Ahora no estoy susurrando; estoy silbando a Julieta Venegas… Me voy, que lástima pero adiós, me despido de ti y me voy.

En la foto, todo Toporje. El cuadro está completo.