El instinto me dijo que no estaba bien. Efectivamente, estaba mal. Muy mal. La llevé al hospital. La sedaron. Y yo, ahí, mirando y apretando su mano. En el box limítrofe una hija y una madre cambiaban roles. Recordé a Roth limpiando la mierda de su padre en Patrimonio.Limpié un cuarto vómito. Le silbé un popurrí musical para dormir. Yo la acariciaba con el índice; ella me acariciaba con la mirada. Pedí silencio a un sordo que no medía el volumen, ni las palabras. Me sentí impotente, pero ella sonreía. Me miraba y sonreía. Las pestañas, largas como plumas, no le permitían volar. A lo lejos un pitido marcaba otros ritmos cardíacos. Y yo, ahí, en silencio mirando un tuboluz tartamudo. Mierda.
No sé por qué, o sí, lo sé muy bien, acaba de caer Blackbird de Los Beatles en mi mente.
Ya vas a volar.










