28 set. 2009

A paso de tortuga


Parece mentira pero estos últimos días mis sueños están siendo interrumpidos por comerciales. Es el colmo de los colmos. Aunque lea, pase notas y estructure el proyecto de libro, no logro avanzar (o al menos el progreso no es evidente).

Eso que leí 25 libros.




Enumero por orden de preferencia:

1) El arte del servicio al cliente - Robert Solomon
2) La publicidad que me parió - Gabriel Dreyfus
3) Hey Whipple, squeeze this - Luke Sullivan
4) El libro rojo de la publicidad - Luis Bassat
5) Confesiones de un hombre de publicidad - David Ogilvy
6) Verdades, mentiras, y publicidad - Jon Steel
7) How to catch the big idea - Ralf Langwost
8) Ogilvy y la publicidad - David Ogilvy
9) Los creadores de imagen - William Meyers
10) Casi todo lo que sé de publicidad - Joaquín Lorente
11) La fuerza de la publicidad - Marcal Moline
12) Manual para el ejecutivo de cuentas de publicidad - AAAA
13) Lovemarks - Kevin Roberts
14) Publicidad. Amala o dejala - Alberto Scopesi
15) Gestión creativa de la agencia de publicidad - Jorge del Río
16) The perfect pitch - Jon Steel
17) Anotaciones privadas de David Ogilvy - David Ogilvy
18) Página en blanco - Fabián Lazovski
19) ¿Quién se ha llevado mi queso? - Johnson Spencer
20) Clientes de por vida - Sagdish Sheth y Andrew Sobel
21) El asesor de confianza - Maister, Green y Galford
22) Me olvidé de decirte: cambió el brief
23) El ejecutivo eficaz - Peter Drucker
24) Usted puede ser lo bueno que quiera - Paul Arden
25) Cuentas conflictivas - Kevin Goldman

Con toda la intención de reconfortarme a mí mismo pienso en el tigre, que tiene un promedio de 73 intentos fallidos antes de cazar una presa. O en Thomas Alba Edison, que probó mil veces antes de encontrar el filamento adecuado. Sí-se-pue-de. Sí-se-pue-de.

Alguien dijo que trabajar sin corazón es como ser desempleado. Con las tesis pasa algo parecido: algunos parece que cargaran una gran mochila, y cuando llegan a la cima (la defensa) se la sacan de encima como un lastre molesto. Le ponen horas, dedicación y blablabla, pero falta pasión.

Son desempleados.

16 set. 2009

Rutina

(En la imagen -¡clic ya!- una publicidad soberbia de Terra).


Ciudad.
Ya no soporta esa caja de zapatos de unos tres metros cuadrados. No se banca las órdenes, calendarios, ni las horas extra. Todavía es joven, hermosa, y está a tiempo de salirse. Su mejilla es suave y tersa. Todavía no es vieja. Mantiene un suave olor a durazno en la piel. Pero esta oficina la cansa y lo nota en las cervicales. Se está doblando y está cada vez más irritable. De cuando en cuando alza la cabeza hacia la única lámpara del cubículo: aquel sol inmóvil es la única luz que ve del día. Daría todo por estar lejos, lejos, lejos. En algún espacio sin edificios que le permita perderse en el horizonte. Desea irse pronto. Irse ya, sin saludar.

Campo.
Mira en el espejo y ve como se escapa su juventud. El cuerpo enrojecido, ahora afuera de la ducha, le transmite una débil sensación enfermiza. Llega a la conclusión de que los pueblos triunfan porque casi nadie se anima a huir de ahí. Pero ella es distinta. No ha querido adaptarse al pueblo, ni a los paseos por la plaza. La perturba el hecho de dejarlo a él, su único nexo con este pueblo de cuarta. Aunque, pensándolo fríamente, ya no lo ama. Lo adora, pero no lo ama, porque entiende que el amor no debe lucharse: se siente o no se siente. Está cansada de acostarse pensando que a la mañana siguiente todo va a estar bien. Ahora está parada frente a la puerta, y que ocurra lo que debe ocurrir. Desea irse pronto. Irse ya, sin saludar.

13 set. 2009

Persuasión


(Ómnibus 582, destino Peñarol).

Para cuando el humorista termina de hacer su acto, pasa la gorra:

-El que no tenga guita, que agarre -dice.

6 set. 2009

Cubismo


Cruzo palabras con Gerardo mientras sus ojos se escurren hacia rubias, morochas o cualquier exponente del género femenino. Sigue a todos los culos que desfilan delante de su cara. De cuando en cuando hace una pausa, mira sin pestañear a una que cruza la calle, y retoma la charla como si nada. Lo curioso es que no disimula y tampoco se percata. Entonces le pregunto por esa tendencia. Él reconoce -con una pizca de vergüenza- que es baboso crónico. Sabe que es así pero no lo puede controlar. Le doy una palmada en el hombro para que no se aflija, porque tampoco es para tanto.

Dice, también, que le basta ver eso para hacerse una composición general de la mujer y determinar si es linda o no. A juzgar por lo que veo, diría que no es un depravado, sino un cubista. Y le explico: esa forma que tiene de mirar el culo por el todo, y de suponer las distintas facetas a partir de un punto de vista, permitió que la vanguardia cubista pudiera pintar en un mismo plano todo lo que sus mentes veían. Ahora su cara de preocupación muta; hasta empieza a sentirse orgulloso de su condición. Entiende, poco a poco, que sólo unos pocos tienen el don de la perspectiva múltiple.

De todos modos, aclara: "prefiero que me digas culista".

8 ago. 2009

Referentes


- ¿Por qué salís en la tele?
- Porque soy famosa.
- ¿Por qué sos famosa?
- Y..., porque salgo en la tele.

Parafraseando a Peter Capusotto, los referentes de la actualidad ya no son referentes.

2 ago. 2009

Uy

Si serás un embole, Uruguay. Vuelvo a Montevideo y confirmo una vez más que sos aburrido y opaco. ¿Será por eso que te vestís en tonos tristes y oscuros, a diferencia de tus países vecinos? ¿Por eso criticás al que sobresale? Si alguien se pone algo colorido ya lo increpás porque se hace ver y llama la atención. Digo yo, por algo te encasillaron en el dicho triste como uruguayo contento. Y ahora que estoy con los colores, te digo que sos un agujero negro. Ya lo explicó Eresfea: el agujero negro impone la infelicidad sobre los demás. Si alguien se te acerca, Uruguay, te nutrís de su alegría y lo contaminás. Siempre te está pasando algo malo y venís con la cháchara: que el clima está feo, que la calle está brava, que andá para el exterior que acá no hay porvenir; que esto y lo otro. No en vano el sufijo uruguayo en internet es uy. ¡Si sos una víctima! También sos tu propio verdugo.

Si serás un embole, Uruguay. Te quejás todo el día. Y no me vengas a decir que te encanta la gente alegre, porque en realidad la querés lejos, por envidia. Pensabas que eras despabilado y que las tenías todas. Te autoproclamabas el país más culto de América Latina y le dabas la espalda a la gilada. ¿Ahora qué te pasó? Te hiciste el vivo, Uruguay, y te ganaron de mano. Será por eso que me ponés esa cara en el bondi. Será por eso que te estás quedando en la chiquita. Te ahogaste en un vaso de agua y, aunque no tendría que decirlo, sos un bolas tristes. Te lo digo porque te quiero: sos gris, Uruguay.



En la foto, un vistazo a los jardines alemanes. Cortesía de Chechi.
Hay pocos jardines coloridos en Uruguay y muchas plazas sin flores.
Sé lo que pensás: "Allá es primer mundo. Así cualquiera".

20 jul. 2009

De despedida

Aquel lunes acababa de armar la valija cuando vio que sólo quedaba espacio para un beso. De pronto se encontró, sin saber cómo, en una tienda de besos de la que había oído hablar. Entró en silencio. Se dirigió al mostrador, golpeó la mesa y mientras esperaba ser atendida leyó el rótulo de la pared: "Estimado cliente: la empresa no se responsabiliza por daños de terceros".

No podía creer aquello que veía: un extenso surtido de besos ordenados por categoría y nivel de intensidad. Se preguntó si todos esos besos podrían entrar en una misma boca. Ella, a su modo, trató de explicarle la situación al vendedor para obtener asesoramiento. Para cuando terminó de hablar, el comerciante ya había tomado una caja apartada del mostrador y le dio el boceto de un diseño imperfecto.

Al llegar a casa no pudo contener la curiosidad y lo probó antes de irse al aeropuerto. Al principio sintió un toque acaramelado en su paladar, pero luego la sensación pasó a tener un resabio amargo. Ambos sabores se aliaron en una mezcla alquímica, y logró descifrar que aquel sabor era agridulce.

11 jul. 2009

Cambios



Se conocieron hace poco. Vaya uno a saber por qué. Más bien era como si ya se conocieran de otra vida. Pero ahora él la conocía a ella y a sí mismo, porque en realidad no se había conocido nunca; ahora ella lo conocía a él y a sí misma, porque aún habiéndose conocido siempre, nunca se había podido reconocer así.

10 jul. 2009

Toque de queda

"El pasado es un prólogo".
William Shakespeare.

El mayor trauma del niño Anonetoy era su cumpleaños, el cual caía justo en vacaciones de julio. Cada vez que se decidía a festejarlo, pasaba lo siguiente: (A) la gente se iba de vacaciones, (B) la gente se engripaba, (C) la gente estaba estudiando, y (D) la gente no salía de casa a causa del frío.

Anonetoy se decidió a dar pelea en esa fecha que se impuso como un toque de queda, para convertirla en un toque, pero musical. Porque si el tiempo pasa y hace ruido, hay que festejar con más ruido, para tapar al tiempo y que no se escuche. La excusa fue el tributo a Andrés Calamaro: un show en vivo que consistía en tocar una canción por disco, incluyendo la etapa Abuelos de la Nada, Los Rodríguez, y toda su carrera solista. Todo esto licuado con una biografía que relacionaba las canciones con cada etapa de su vida. El narrador era el mismísimo An(onetoy)drés Calamaro.

Se encendió la batiseñal y los miré. Me miraron. Estaba junto a esos ojos que siempre me observaron. Atrás estaba la banda de músicos. Adelante, la de amigos. El Colo se reía, no sé de qué; Guille se prendía un cigarro; Garo se prendía a otra cerveza; y Maxi comía pizza mientras veía a Tato tirar balas de salva a una minita. ¿Melu? Faltó con aviso. Pensar que hace 23 años no los conocía... Qué noche.

Hay pocas oportunidades para decir gracias a la gente que realmente hace la diferencia, y me enorgullece tener la posibilidad de hacerlo ahora. Agradezco a los músicos (Agos, Bruno, Chelo, Diego, Guido, Juan, Max) y a todas aquellos sin los cuales no sería ni un tercio de lo que soy. Cada uno sabrá. Desaría que todos fueran igual de afortunados. Y a vos, que leíste esta última línea y probablemente no comentes, gracias. Hasta la próxima.

6 jul. 2009

Los años no vienen solos


Lluvia, algo que acompaña el 80% de mis cumpleaños.
Ya estoy acostumbrado.