
La comparación es inevitable, pero no queda otra.
Hay que entrenar.



No recuerdo bien, pero siento que la conozco desde que me conozco. Antes hablábamos y hablábamos. Y la noche duraba 24 horas. Más tarde, se mudó de barrio. Seguimos en contacto, a pesar de todo: 55 minutos de bicicleta disimulaban la distancia.

La anécdota: Anonetoy alcanzó los 12 años de edad en un campamento. Por la noche los aventureros solían caminar en grupo, tomar aire, recorrer el bosque. Al volver a las carpas, se repetían las mismas imágenes: al dejar la comida a la vista, una visita nocturna se llevaba parte de las provisiones. Pero, por el contrario, si la comida estaba resguardada bajo candado, las paredes de la carpa aparecían meadas. Un día, en la penumbra, Anonetoy se topó con la mirada desafiante del zorro gris.
La anécdota (2): a veces, sólo a veces, me vienen ganas de ir al zoológico de Villa Dolores. Cosa que resulta un tanto masoquista, por cierto. En octubre de 2007 fui con Maytee. La foto (¡clic en la imagen!) muestra el rótulo con la siguiente inscripción: “En libertad vive seis años, y en cautiverio vive hasta 13”. Me pregunto si el zorro que se resguardó en la jaula y no quiso aparecerse en la foto, entenderá la gravedad del asunto. O sea, tenía por delante seis años de vida en libertad, meando carpas de niños. O comiendo provisiones. O meando provisiones. Y ahora, ¿qué tiene? Ah, sí. Siete años más de vida, alimentos balanceados y visitas guiadas. Pero el zorro es astuto y sabio. Quizá por eso, aquel día de octubre se escondió en un recoveco apartado de la jaula. En verdad, era como si lo supiera.
