27 abr. 2008

Carta para mi muerte


Queridos e inolvidables familiares y amigos:

Si leen esta carta (cuento con ello) es porque un D11 me embistió o algún conductor me confundió con un alce en plena noche. Tarde o temprano tenía que pasar; es el riesgo que implican las bicicletas. La muerte nos ha separado y espero, aunque lo dudo, que el odio no se interponga a la compasión que amerita el momento. Prefiero que me recuerden como un gran hijo y amigo fiel: cosas que no fui. Incluso con la mejor voluntad del mundo no lograrán eximirme de culpas. Y tendrán toda la razón del mundo. Mil perdones. Fíjense: durante todos estos años no he obrado bien. Hasta le vendí el alma al diablo y ni siquiera se tomó la molestia de venir a buscarla personalmente. Conoce Dios mi miseria.

Vayamos al grano. Bien sabemos que en esta ocasión no los congrega el dolor de una pérdida irreparable, sino mi seguro de vida (es cierto, el recibo de sueldo lo confirma). Pero no esperen nada. Aprovecho estas líneas para enmendar mis faltas y donar íntegramente el dinero del seguro a la Parroquia de Punta Carretas. Cabe agregar que con estas líneas sigo viaje y parto con alivio. Al menos no podrán perseguirme por la vía judicial.

El póstumo

4 comentarios:

Minerva dijo...

¡A eso llamo yo jugar bien la última carta!
QEPD, señor postero.

Romi dijo...

Siempre fuiste una mala persona. Chusma, chusma.

anonetoy dijo...

Minerva, últimamente desearía estar muerto para poder dormir unas cuantas horas de corrido.

PIER BIONNIVELLS dijo...

Al principio pense que era un post tragico.. pero me has dejado con la boca abierta al final..pero de risas,.. jaja.. que malo es el chico.. jiji..
me ha gustado..
saludos.