16 set. 2009

Rutina

(En la imagen -¡clic ya!- una publicidad soberbia de Terra).


Ciudad.
Ya no soporta esa caja de zapatos de unos tres metros cuadrados. No se banca las órdenes, calendarios, ni las horas extra. Todavía es joven, hermosa, y está a tiempo de salirse. Su mejilla es suave y tersa. Todavía no es vieja. Mantiene un suave olor a durazno en la piel. Pero esta oficina la cansa y lo nota en las cervicales. Se está doblando y está cada vez más irritable. De cuando en cuando alza la cabeza hacia la única lámpara del cubículo: aquel sol inmóvil es la única luz que ve del día. Daría todo por estar lejos, lejos, lejos. En algún espacio sin edificios que le permita perderse en el horizonte. Desea irse pronto. Irse ya, sin saludar.

Campo.
Mira en el espejo y ve como se escapa su juventud. El cuerpo enrojecido, ahora afuera de la ducha, le transmite una débil sensación enfermiza. Llega a la conclusión de que los pueblos triunfan porque casi nadie se anima a huir de ahí. Pero ella es distinta. No ha querido adaptarse al pueblo, ni a los paseos por la plaza. La perturba el hecho de dejarlo a él, su único nexo con este pueblo de cuarta. Aunque, pensándolo fríamente, ya no lo ama. Lo adora, pero no lo ama, porque entiende que el amor no debe lucharse: se siente o no se siente. Está cansada de acostarse pensando que a la mañana siguiente todo va a estar bien. Ahora está parada frente a la puerta, y que ocurra lo que debe ocurrir. Desea irse pronto. Irse ya, sin saludar.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me senti tan identificada con el texto, que me decidi a comentar algo, por mas que no acostumbre hacerlo.
El sentir esas ganas de irse, con el deseo de cambiar, sin darnos cuenta que el problema no es el lugar, sino nosotros mismos.
Esta bueno que alguien nos haga recordarlo.

anonetoy dijo...

¡Gracias por juntar coraje para comentar!

Creo que algunos nacen como sapos de otro pozo y otros -como bien decís- simplemente deberían cambiarse a sí mismos en vez de tratar de cambiar el ambiente.

Natilla dijo...

Sí, es verdad! Me gustó mucho el post!

Marta dijo...

Dos reflejos de realidad, tan bien pintados.

Si una se cambiara por otra, terminarían volviendo a odiar sus rutinas como antes.

La mayoría de las veces, el problema no es ni la ciudad ni el campo ni el trabajo... sino cada uno. Actitud ¿no? Entre otras muchas cosas,claro.

Romina dijo...

Me dejaste erizada, hijo de tu madre.
No hace falta decirlo, pero gracias por todo.