12 feb. 2007

King Kong


En la espera previa al toque de Dsus 4, hablaba con Rocío. Esperábamos. Como de costumbre, los músicos no habían ensayado La puntualidad. Algo, o alguien, se asomó a mi/s espalda/s.

-Prendo yate Marte. Ding dong -dijo el extraño de pelo largo.

-¿Ehh? -contesté con tono inquisitivo.
Para ese entonces ya había girado el pescuezo y distinguido al enano de yeso que me hacía la pregunta. Le faltaban el gorrito y Blancanieves.

- Lego jaque mate a Ping pong –insistió.
Me limité a contestar con el gesto universal de Tengo-hambre, que es el mismo de No-te-entiendo. Poco a poco empezaba a interpretar los vericuetos linguísticos del tarzán de Bonsai. Justo por encima de las bolsas de ojeras tenía una mirada cáustica. Cierta avidez maliciosa que no pude comprender. Pero se dirigía a mí, a mis ojos precisamente.

-¡Tengo la que mata a King Kong!
Reiteró el convite y (¡por fin!) lo entendí. Pero esta vez me quedé mudo. El contexto pudo más que el texto.

(Silencio).

Notó la indirecta sepulcral. Y se fue. A lo lejos una jauría de drogadictos lo esperaba. Se acercó, y a modo de reflejo pavloviano, movieron el rabo. Babeaban. Pero nada de eso se comparaba con la energía avinagrada que exhalaba el aliento de esos, sus perritos falderos.

El enanito de jardín no estaba entre el pasto, sino entre la hierba.

30 ene. 2007

Ruega por ellos


Me pregunto quién será el fogonero que encienda y apague ese farol de 8.650.000 trillones de watts (vamos, hasta suena científico el dato). Quizá simplemente sea un trabajo rutinario que consista en manipular un interruptor. Quién sabe, dos opciones: on y off. Juego de niños.

El girasol o mirasol es una flor astronómica. Este sabueso fiel sigue a su dueño desde el alba hasta la noche. No le quita la mirada de encima, esa mirada cíclope que lo caracteriza. Hasta podría decirse que está en las buenas y en las malas.

Si bien fue invento de Dios, no he escuchado ninguna mención biblica de su existencia. ¿Acaso Dios se volvió en su contra! Acaso no pudo aceptar que su creación lo haya abandonado por un sentimiento panteista; que haya seguido al gran becerro de oro: al astro rey (no, no es Maradona). Desterrado del cariño divino, el girasol vive en un mundo que no es el suyo, al igual que tantos otros. No es de la tierra, sino del Sol. Es así que durante las mañanas se levanta a escuchar el pregón del Maestro de los mechones dorados.

¿Qué misión tendrán encomendada? ¿Protegernos de la guerra petrolífera?

Santo Bio Diesel,
ruega por ellos.

25 ene. 2007

¡Paf!

No creo que lo sea. No, imposible. Hasta camina como una mujer, duda, llora. Sonríe. Pero cuando por un momento la contemplo, no es fácil. Se me cae el cielo encima. Se quiebra la realidad. Súbitamente entro en una profunda somnolencia; todo queda fuera de foco. Su mirada me hipnotiza como la de una serpiente. Somos ella y yo. Sólo nosotros. Ya me envenenó, hace tiempo. Pero la herida, mientras se cura, crece. Entonces la pellizco haciéndome el distraído, como por error. Hasta parece humana, pero podría estar simulando.

¿Y si fuera un ángel? Caigo en la cuenta de que un día puede hacer ¡paf! y desaparecer... Pero todo a su debido tiempo.

La foto la pellizqué en google.

23 ene. 2007

Bostezos Diversos


Comía un alfajor mientras caminaba por Portezuelo (valga la multiplicación redundante). Di con el cocodrilo de Peter Pan. Como era una estrella del cine, le fui a pedir un autógrafo. Para mayor sorpresa, se secaba el rostro con un pañuelo.


Seguía digiriendo lo del Capitán Garfio.

-Qué te pasa, ¿Por qué llorás?
Giró la cabeza, parpadéo y dijo: -Fue un trago amargo. Entonces reptó hacia la orilla del mar para camuflar las lágrimas saladas (es que los cocodrilos son muy machos, por eso no hay cocodrilas).

-Yo entiendo que estés mal por haber matado a un ser humano –repliqué sin miras de acariciar las hileras óseas de su espalda-, pero todo se puede perdonar en la vida.
-No estoy triste. Imaginate que te comés un pollo con cuchillo incluido...
-Ajá-. Me limité a eso. Entregué un movimiento ascendente y descendente constante de la cabeza, en señal de aprobación. Conviene darle la razón a tremendo animalito.
-...Bueno, yo me comí un pollo que tenía un garfio. Además, nosotros, los cocodrilos, no masticamos: abrimos las fauces de par en par y tragamos de un saque. Voy a tener que ir al gastroenterólogo.
-Ahh, por eso hablabas de un trago amargo –insinué con tono ingenuo.
-¡Si boludo, acaso vos no bostezas cuando abrís esa bocota!

Seguí de largo, pateando el agua de la orilla, porque me aburren los mentirosos.

Me hacen bostezar.

22 dic. 2006

Fechas de vencimiento


Voy porque toca mi número: H93.
–No- responde con ademanes insípidos la secretaria. Va por el G93.
Me recuesto sobre un cubículo que parece derretirse ante mi omóplato. Tengo que quedarme paradito como el David. Prendo el Mp3 para escuchar las nuevas y originales adquisiciones: El palacio de las Flores y X and Y.

A la jovata le queda poco para cambiar de senda. El pelo platinado no se mueve, pero los pies parecen marcar el bombo de Coldplay. Con los nervios, o los dientes, muerde los labios. Los ojos celestes como el cielo piden clemencia a un Dios que no la escucha. Se acerca la hora, y se acerca el que cercará, o no, su futuro. Es The last Chans.

Leo el rótulo: “La conducción de un vehículo resulta un medio para mantener la libertad y la independencia individual, para sentirse útil y conservar la autoestima. Hay muchas funciones que van disminuyendo a medida que pasa la ed...".

Mario Flores – Grita el Verdugo.
(Milagro, suena el comienzo de la canción El palacio de las Flores). ¿Acaso una señal divina?

"ed... ad. El envejecimiento puede afectar las capacidades esenciales para una coneducción (la “e” estaba de sopetón) segura”.

Antes de pasar, Mario “cabeza de rodilla” Flores se apoya como una mantis sobre el bastón en T. Mi mirada le resbala. Tiene sus ojos sumergidos en el retrovisor de la vida. Juraría que al entrar al patíbulo deja un surco.

La legislación no determina la edad para denegar la libreta. Esto queda a criterio de los verdugos de la Unidad de Salud de Tránsito.

Me la renovaron hasta el 7/10/2014. Para ese entonces ya tendré barba.

14 dic. 2006

En silencio

El instinto me dijo que no estaba bien. Efectivamente, estaba mal. Muy mal. La llevé al hospital. La sedaron. Y yo, ahí, mirando y apretando su mano. En el box limítrofe una hija y una madre cambiaban roles. Recordé a Roth limpiando la mierda de su padre en Patrimonio.

Limpié un cuarto vómito. Le silbé un popurrí musical para dormir. Yo la acariciaba con el índice; ella me acariciaba con la mirada. Pedí silencio a un sordo que no medía el volumen, ni las palabras. Me sentí impotente, pero ella sonreía. Me miraba y sonreía. Las pestañas, largas como plumas, no le permitían volar. A lo lejos un pitido marcaba otros ritmos cardíacos. Y yo, ahí, en silencio mirando un tuboluz tartamudo. Mierda.

No sé por qué, o sí, lo sé muy bien, acaba de caer Blackbird de Los Beatles en mi mente.

Ya vas a volar.

7 dic. 2006

El post del mes: Noviembre


Al igual que Ronald y su empleado del mes, Anonetoy presenta su nueva sección: el post del mes.

A digerirlo, sin pepinillos.

El toro Español de
Sick boy.

4 dic. 2006

Montañas

Sucedía durante los cumpleaños. El Queloscumplas apiñaba a una horda de enanos efervescentes en torno a lo que parecía un rascacielos, pero era una torta.

Nadie miraba a los hermanos Majó Bellagamba.

Como gárgolas alzando la mirada, extendían los brazos, cerraban los puños y, tensando el dedo índice, señalaban con asombro al O.R.N.I (igual que OVNI, pero con Repostero). Otros, para variar, abrían la boca y dejaban pender sobre el mentón un hilo de saliva. Se hilvanaba, entonces, una sinfonía de miradas embobadas. Ante tal espectáculo nosotros (sus hijos) quedábamos colorados como remolachas. Con la teoría de hacer “tortas grandes para que nadie se quede con hambre”, mamá forjaba edificaciones de hasta 4 pisos de altura. Nunca hacía dos tortas iguales. En la foto, cuando Anonetoy observaba la escena desde el útero, Martín cumplía nueve y Sole cinco.

Por dentro –del útero- pensaba que las velitas eran los ápices de los cimientos. De otro modo, ¿cómo podrían mantenerse en pie tales construcciones? Aquel día mamá quiso hacer un pino. No pudo. Dejó a un lado el colorante verde y creó una montaña. Escaseaba el oxígeno. Las velas, oteando desde el pico, se reían de niños que no podían apagarlas. Es por eso que Martín, luego de un intento frustrado, tose en la foto.

Les encantó a todos, menos a nosotros: siempre nos daban vergüenza.
Sin embargo, ya no me ruborizo.

Me enorgullezco.


Basta un clic para que los niños crezcan. Obsérvese la cara del chico de la izquierda, Nacho Fraschini... Todo un poema.

24 nov. 2006

Me voy

No puedo dejar de lado esas miradas intensas, taladrantes. Y esos ojos que lloraban. Clota, con mirada profunda de piscina durante la lluvia, contenía en cristales empañados lo que mi inteligencia emotiva no quería ver. Pero paulatinamente un raudal de sentimientos hacía agua. Romina, escondiendo la cabeza entre las piernas, empeoraba las cosas. Mi cuerpo quería llorar. Mi mente, contenerse. Automáticamente la garganta se me secó al escuchar a Pancho, o sus palabras, tiritando. Mientras fotografiaba cada rostro, una parte de mí se empezaba a marchitar.

Para algunos, con cada partida morimos un poco más. Pero quien conoce a los tomates Cherry entenderá que no es –tan- así. Es necesario podar ramas, para que broten nuevas. Terminó un ciclo de dos años. Terminaron los sábados a las 7 de la mañana. Y ahora, no quiero despedirme. Ellos saltan a liceo y no voy a ver los resultados de la cosecha.

Susurré el Padre Nuestro para dejarme invadir por sus voces. No olvido. Aquel día no sabía si el pecho se me encogía de dolor o si, por el contrario, se me henchía de felicidad. Ahora no estoy susurrando; estoy silbando a Julieta Venegas… Me voy, que lástima pero adiós, me despido de ti y me voy.

















En la foto, todo Toporje. El cuadro está completo.

7 nov. 2006

SilBana

Miguel Ángel, moreno de rostro cándido y curtido, habla de su otra chica y, al igual que una paloma, saca pecho. Despojándose de su esposa como quien se saca el gorro al entrar a un lugar desconocido, se olvida de ella para hablarme de Ella. Para colmo su mujer lo sabe pero no se queja. Mientras tanto, ladeándose sobre el tronco erguido de la dama, insiste en que no es celoso y acaricia las cejas de la chica escuálida.

Aunque no puede competir con ómnibus físicoculturistas que intentan arrebatarla de sus brazos; dos candados le bastan a Miguel para protegerla de los babosos que andan por ahí. Con el ceño fruncido se abalanza presuroso, dejando de lado su veta romántica –Por lo menos así tengo más tiempo para agarrarlos-. ¿Con las manos en qué?, pensé, mientras lidiaba con una alergia primaveral. Prácticamente es un intangible (y con esto exagero). Además no usa bronceador y la piel se ha convertido en un verde claro desteñido por los tormentos y tormentas de la vida.

–Si fuera por mí, la tendría toda prolijita- agrega reconociendo que su situación económica le impide consentirla. Desviando mi atención de la conversación trato de captar Su nombre, pero algo me dice que no es ninguna Trek o Graziella de sangre azul. De reojo, por miedo a quedar evidente, contemplo Su hermosura.

El sillín reveló la duda: SilBana -nada de Silvanas-. Me apena recordar las palabras de Miguel que taladraban mi cabeza mientras su rostro se alejaba:

“Si me la roban, me cortan las piernas”.