13 may. 2009

Arriba

En la mañana arranco hacia el cerro Pan de Azúcar, pero por un camino equivocado. Algo adrede, por cierto. Salto el alambrado y me encuentro con una vegetación espesa, infranqueable a golpe de vista (foto). Pienso otra alternativa, y para entonces se mueven algunas ramas. Son vacas.

Sigo su rastro y encuentro un camino estrecho, con poco más de un metro de altura. En cierto momento desaparece el trillo y parece que no hay con qué darle, hasta que zigzageo y doy con otro camino. Entre zancada y zancada me escabullo entre los cardos. Llega un momento en que todo está tupido de espinas y hay que juntar valor. ¡Zas! La rodilla se despelleja y me vienen ganas de putear con eco. ¡Zas2! ¡Zas3!. Me cago en la raíz cuadrada de tres.

Cantaba Zitarrosa: "No eches en la maleta lo que no vayas a usar. Son más largos los caminos pa´l que va cargao de más". De más está decir que me arrepiento de no haber llevado pantalón largo.

Abajo

Nada como llegar a la cima y sentarse a descansar sobre un roca mientras los ojos se salen de las órbitas. Entonces saco los poemas del abuelo Martín y los leo por primera vez desde su muerte. Mientras tanto, los árboles gimen.

Siempre supe que los iba a leer ahí. Desde que tengo conciencia, en cada uno de sus cumpleaños El póstumo (ese era su seudónimo) anunciaba con ironía y sencillez la cercanía de la muerte, sin que nadie lo tomara en serio. Hace mucho, entre una turba de parientes y amigos, lo escuché decir que la vejez era perjudicial para la salud. Hoy lo recuerdo y me vuelvo a reír.

Tenía 94 años.

¡Qué salado, Pan de Azúcar!

Wilson y Celia son marido y mujer. Además, son propietarios de la Posada del Calé, ubicada frente a la Plaza 19 de abril (Félix de Lizarza, esquina Lavalleja). Una posada sumamente económica que incluye todo lo indispensable, además de un trato cálido y generoso. Ahí se siente, por un instante, que el hogar está en todas partes.

Poco antes de irme Wilson menciona que sus antepasados hospedaron al naturalista Charles Darwin en una visita que hizo en 1832. Un libro de arqueología y el mural de la imagen lo prueban. Antes de volver a Montevideo nos sacan una foto.

Celia hizo gestos de que no:
-Sacala sin zoom. El zoom engorda.

5 may. 2009

Porque ella lo vale


10 de mayo, día de la madre. 5 de mayo, día en que el hijo siente culpa por no haber pensado antes el regalo. Sin saber cómo, me encuentro con el aviso de un shampoo que ataca el problema del cabello frágil y reseco. Es un producto innovador testeado en 5000 chimpancés, de los cuales el 76% constató un cabello reconstituido y nutrido. Sin exagerar, es el mayor acontecimiento del siglo. El regalo ideal para mamá. La publicidad promete un exquisito perfume de arándanos con extractos de colmillos de tigre dientes de sable que, según aclara, actúa como energizante folicular que penetra en el interior de la fibra capilar. Absorto en mis pensamientos, imagino a este tigre masajeándose la cabeza con la yema de los dedos, mientras un montón de espuma revela su hermoso pelaje, brillante y sedoso. Trago el exceso de saliva y una sensación de embeleso tan inexplicable como imprevista invade todo mi cuerpo.

¡Funciona!, pienso. Sin embargo, algunos incrédulos necesitan argumentos racionales para concretar la compra. Buscan términos anglosajones que reafirmen su decisión: Dermo-expertise, Volume Control con Hydra-Guard, Soft-Bronzer, y cosas por el estilo. Son los mismos que se jactan de adquirir productos con sustancias indescifrables: Hydroxyaoatite (Pro-Calcio), colágeno peptídico, nanósferas de coenzima Q10, Silicona Exotilada... Pero los colmillos de tigre diente de sable son distintos. ¡Los conozco de las películas! Algo así no puede ser fruto de una publicidad embustera.

Estoy en la góndola, indeciso entre el shampoo del aviso y otro con extractos de algas amazónicas. Saco cuentas mentalmente y concluyo que invierto menos de lo que vale el producto. Es la perfecta relación calidad-precio. Un chimpancé promotor, peinado a raya al medio, insiste en que su shampoo es mejor. "Porque ella lo vale", balbucea una y otra vez. Su carisma logra persuadirme y desembolso una suma importante de dinero. En cualquier caso, es mi madre. Merece esto y mucho más.

Inspiración (y exhalación)


La frase la saco de Me olvidé de decirte, cambió el brief:
"Durante la Navidad en las oficinas de Ogilvy & Mather en Nueva York, David Ogilvy presentó los resultados de una investigación en la que se había preguntado a los creativos dónde tenían sus mejores ideas. El 80 por ciento respondió que las tenía en el baño, así que David decidió mejorar los baños".

La anécdota es atractiva para todo aquel que trabaja en el mundo de las ideas. A lo que voy: para obtener más y mejores ideas hay que saber en qué instancias somos más propensos a generar ideas, y exprimirlas. Por mi parte, al correr y en la ducha. Lo que se favorece, también, porque una viene después de la otra. La anécdota sucedió mientras corría la Nativa pasada de 10 Km. Pensé: ¿Qué pasaría si un correo privada contratara a un corredor profesional y lo disfrazara de cartero para ganar la carrera? De inmediato saltó el Pesimistas uruguayus y asesiné la idea: ¿Qué hay si pierde? Tiempo después veo un calco de DHL (¡clic!) y no lo puedo creer. Debo reconocer que el cierre genial de la entrega del medallero no se me ocurrió y me despierta cierta envidia sana.

Tampoco voy a negarlo. Hasta el día de hoy me pregunto qué podría haber sucedido en caso de que alguien le hubiese ganado al courier, o en caso de lesión, o en caso de...
Pesimistas uruguayus.

25 abr. 2009

Blablabla


Ella le dice que es chamuyero.
Entonces él menciona que tiene una sonrisa indeleble.
Ella se ríe, para variar.

24 abr. 2009

Autolaptop


Acabé de un tirón la novela de Bernhard Schlink que me prestó C.
La obra arranca cargada de pasión y erotismo, para luego bucear en la vergüenza de las generaciones post-nazismo y las distintas facetas de la culpabilidad. En el desenlace todo cuadra a la perfección y aunque el libro no es imprescindible, vale la pena.

Después del libro vino el turno de la película homónima. Ese día de lluvia el auto hizo de paraguas, los brownies llenaron el buche, y vimos la película en una laptop, con los asientos reclinados por completo. Sin saberlo, revolucionamos el concepto del autocine. También le di El barón rampante, a modo de trueque.

Noche linda si las hubo.

El Lector de El lector

El lector, P. 139:

"Hoy en día hay tantos libros y películas sobre el tema, que el mundo de los campos de exterminio forma ya parte del imaginario colectivo que complementa el mundo real. Nuestra fantasía está acostumbrada a internarse en él, y desde la serie Holocausto y películas como La decisión de Sophie y especialmente La lista de Schindler, no sólo se mueve en su interior, no se limita a percibir, sino que ha empezado a añadir y decorar por su cuenta. Por aquel entonces la fantasía apenas se movía; teníamos la sensación de que la conmoción que había producido el mundo de los campos de exterminio no era compatible con la fantasía".

Me detengo por un segundo y pienso en la literatura del holocausto que Eresfea recomendó y tuve la suerte de leer: Imre Kertesz, Elie Wiesel, Primo Levi, Viktor Frankl, etc. Otros tantos, como Tadeusz Borowski y Jean Amery, están en el debe. Quedan pocos escritores vivos que hayan presenciado la masacre y puedan depositar aquella experiencia en un libro nuevo. Algo me dice que la ficción nunca estará a la altura de esa realidad, por más que surjan películas excepcionales como La vida es bella y El niño del pijama a rayas.

17 abr. 2009

Dicen

Dicen que cuando alguien olvida algo en la casa de otra persona es porque quiere volver. Dicen. Quizá por eso pasó lo que pasó.

Él no vivía de ninguna promesa. Sólo disfrutaba el momento, única y exclusivamente. Así que se sumergió en su abrigo y se fue sin hacer ruido. No olvidó nada. Nada de nada.

Ese día la dejó. No estaba acostumbrado a las despedidas.

El alba asomaba.

10 abr. 2009

Low battery


Tengo un hermano hipocondríaco. Sí, una de esas personas que termina por contraer toda enfermedad que se le viene a la cabeza. Pero hay algo peor: tener otra hermana, médica ella, que le sigue el juego. Él dice que le duele algo. Acto seguido, ella diagnostica posibles causas y él termina por contraerlas todas. Juro que es cierto.

Pero me voy de tema. Vuelvo: leo un estudio de científicos británicos que comprueba que el estrés duplica el riesgo de contraer enfermedades. Largas jornadas de trabajo resultan un peso que pocos soportan (y no hablo de obreros que cargan bolsas de portland). Vaya novedad, el trabajo no siempre es salud. El tema es que los jefes sólo tienen en cuenta el estrés laboral y la salud de sus empleados. Más nada. ¿Acaso consideran la depresión y otros problemas que no entran en un certificado médico? También leo sobre una empresa brasilera que antes de entrar a trabajar evalúa tu estado de ánimo. Si estás mal, directo al psicólogo (nada de flippers, pool, o jueguitos que divierten y mejoran la retención de personal). Da la casualidad que tiene un índice muy bajo de deserción.

Hoy, justo hoy, ando cruzado. Y no hay Playstation que lo arregle. Tampoco soy hipocondríaco; sé perfectamente la raíz del problema. Desafortunadamente, no traje certificado médico.


Dedicado a Lau, luchadora que no pierde la sonrisa, a pesar de todo.
Y a Caro, la hermana médica. Ayer cumplió años.